Historia de un sueño y una sonrisa rota

Este viernes pasado, 12 de noviembre, se estrenó en los cines de la mano de Helena Taberna la película documental sobre Nagore Laffage. Basada en la historia real de una madre coraje que tuvo que hacer frente al peor golpe de su vida. Asun Casasola  jamás borrará de su memoria la última vez que vio con vida a su querida hija, su último beso, caricia, confidencia. Algo tan común entre madres e hijas.

Asun Casasola simpre recordará aquel 7 de julio de 2008 con dolor y tristeza. Un joven, José Diego Yllanes, con una brillante profesión, novia y toda una vida por delante también, quitó para siempre la vida de su hija Nagore, robandole sus sueños, ilusiones, proyectos, y todo, por la única razón de ejercer su derecho a decir que NO. Esta negativa, y el miedo a arruinar su carrera, por la situación en sí misma, hizo que José Diego Yllanes la golpeara repetidamente durante un largo período de tiempo, provocandole una semiinconsciencia o aturdimiento. Nagore trató de pedir ayuda, lo confirmó en el juicio una llamada al 112. Pero el agresor no se conformó con golpearla, sino que se encargó de estrangularla posteriormente con una mano poniendo fin a la vida de Nagore.

En mi opinión, hay mucho de ensañamiento y alevosía en su conducta, porque llegó a cortar el dedo índice de la mano derecha de la víctima; posteriormente hizo otros actos para ocultar lo sucedido como limpiar el piso, pedir ayuda y trasladar el cadáver y sus pertenencia a Sorogain. Hay que estar muy consciente para hacer todo eso. Hay que tener en cuenta que no fue él quien se entregó a la policía, porque primero se encontró el cadáver y luego Policía Foral ejerció la investigación pertinente. El alcohol en mi opinión no debería ser una atenuante, y aunque sí que a veces provoca desinhibición, en sí mismo el alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central, respiración y reflejos; normalmente provoca descoordinación motora, falta de reacción y percepción alterada, también somnolencia.

El jurado popular pertinente también tomó en cuenta su participación en esclarecer los hechos, aunque también hay que tener en cuenta que una vez que José Diego Yllanes fue detenido no tenía demasiadas alternativas, porque en este caso esa conducta va en beneficio propio.

Tengo que confesar que me llamaron poderosamente  la atención unas recientes declaraciones a un programa de televisión de la madre de Nagore cuando Asun Casasola afirmó que durante el juicio, el asesino jamás se dignó a llamar por su nombre a la víctima, es más la trataba de “esa”, de modo despectivo. Solo la nombró el último día, en el que pidió perdón a todos, aprovechando el turno final para sacar el mayor beneficio posible de cara al veredicto del jurado. Otro hecho que me hace reflexionar es que Asun Casasola expuso que la foto del asesino de su hija tardó un año en salir en los medios, lo que no suele suceder con otros temas similares.

Hoy en día, todavía la madre de Nagore lucha para que se haga justicia con su hija, puesto que su asesino fue declarado culpable de homicidio, condenado a una pena de 12 años y 7 meses, y no de asesinato. No entiendo mucho de derecho penal, me baso en lo leído y expuesto en los medios, y hay que reconocer que los abogados y el fiscal hacen su trabajo, pero yo creo, desde mi opinión propia y personal, considero que es bastante objetiva, que José Diego Yllanes es culpable de asesinato.

Y yo admiro a esa madre que lucha para que se haga justicia, puesto que nunca más volverá a ver a su niña con vida. Pero de lo que estoy segura es que Nagore, desde el lugar que esté, se sentirá muy orgullosa de su madre y deseosa de verla fuerte y con ganas de volver a sonreir.

Poema para los momentos difíciles

No todo ha de ser risa, lo sé, en nuestro camino,
porque en todo camino hay también piedra y lodo.
Y lo mismo que a veces tus sonrisas arruino,
otras, humildemente, intento darte todo. 

No todo ha de ser bello, mas si la flor se trunca,
si la estrella se apaga, si una nube nos cubre,
piensa que un juramento de amor no muere nunca
y que igual que hay abril, ha de haber un octubre.

Luchar, siempre luchar, y recoger los frutos
de esa humilde semilla que una tarde plantamos.
Que no nos venza el miedo, que no lleguen los lutos
a arruinar nuestras flores, a ensuciar nuestros ramos.

El corazón es grande, y comprende y perdona
tropiezos e imprudencias, errores y extravíos.
Hay que ser menos ángel y hay que ser más persona
si mis fallos son nuestros y tus aciertos, míos.

Que no nos venza el rayo, ni la noche, ni el miedo,
que el silencio no llene las manos y las bocas.
La vida es una lucha, y hay que lanzarse al ruedo
porque el tiempo se escapa y las dichas son pocas.

La vida es un contraste entre luces y sombras,
entre el todo y la nada, entre el llanto y la risa,
mas siempre habrá basura bajo nuestras alfombras,
no hay que perder la calma ni hemos de tener prisa.

Unas veces se sube y se baja otras veces,
unas veces se acierta y otras también se falla.
Mas los momentos buenos nos compensan con creces,
no hay que lanzar campanas ni arrojar la toalla.

Aprendamos a ser tal y como ahora somos,
con todas las virtudes y todas las miserias.
El destino nos trata cual si fuéramos cromos,
nos hacer ser felices, nos pone caras serias.

Recuerda, siempre queda un trago en la botella,
una página en blanco, una flor sorprendente.
La vida es dura, sí, pero a la vez es bella
así que ponte cómoda, sonríe y mira al frente.

© Juan Ballester


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